La corteza de la Tierra

La corteza de la Tierra

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La capa más delgada y externa de la tierra es la corteza, con un grosor medio de cerca de 30 km (18 mi) debajo de los continentes y 10 km (6 mi) debajo de los océanos. La corteza descansa sobre el manto, que es más rígido; la discontinuidad sísmica de Mohorovicic señala la frontera entre ambos. En general, la corteza es menos densa que el manto, pues sus rocas contienen muchos minerales que incluyen elementos relativamente más ligeros, como el silicio, el aluminio y el calcio. Sin embargo, existen dos tipos diferentes de corteza: la oceánica y la continental. Las variaciones en su composición, densidad y espesor ayudan a explicar las diferencias en su topografía, edad relativa, e historia de formación.

Corteza Continental

La corteza continental representa sólo un tercio de la superficie global de la Tierra, pero forma las masas de tierra mayores y los mares poco profundos que las bordean. Su espesor oscila entre los 25 y los 70 km (16 a 45 mi), con las porciones más gruesas bajo los jóvenes cinturones de montañas, y tiene enormes variaciones en su composición: desde rocas sedimentarias, como arenisca, carbón y caliza, pasando por rocas metamórficas, como mármol y pizarra, hasta las ígneas, como granito y gabro. Esta variedad de tipos de roca se explica principalmente porque la corteza continental, que es ligera, no se recicla en la misma proporción que la corteza oceánica, que es más densa. Como resultado, algunas rocas continentales datan de 4.000 MA, y gran parte del material actual sobre el nivel del mar se ha convertido, a través de ciclos repetidos de erosión y formación, en piedras sedimentarias y metamórficas. Las fuerzas tectónicas también han sometido a los continentes a fases de fragmentación, reunificación y movimiento a largo plazo, y producido la formación de nuevos océanos, montañas, actividad volcánica extensa y la unión ocasional de áreas de tierra llamadas supercontinentes. Al mismo tiempo se han agregado constantemente nuevas capas de roca a las superficies y márgenes de los continentes y formado estratos, lo cual representa la base de nuestra comprensión de la historia geológica de la Tierra y, gracias al registro de fósiles, de su vida.

Corteza oceánica

La corteza oceánica cubre dos terceras partes de la superficie terrestre, pero ni siquiera las partes más viejas del suelo oceánico sobrepasan los 200 MA, y están cubiertas por una delgada capa de sedimento. Está formada por lavas basálticas relativamente densas y sus rocas; su espesor varía de 6 a 11 km (4 a 7 mi). Debido a su densidad está menos elevada que las rocas de la corteza continental, más ligeras, con una profundidad media de 3 km (2 mi) bajo el nivel del mar. La corteza oceánica se forma del material del manto dentro de las extensas hendiduras conocidas como dorsales. Aquí, el manto sube, calienta y expande las rocas superiores para formar una cadena montañosa submarina, donde las placas oceánicas a cada lado de la hendidura se separan como dos bandas transportadoras. Las lavas basáldcas hacen erupción desde fisuras y conos, y se enfrían para formar nuevo suelo oceánico con volcanes, que pueden crecer lo suficiente como para elevarse sobre el nivel del mar y formar cadenas de islas volcánicas cuando la corteza se mueve sobre una pluma del manto. En las zonas llamadas de subducción, la corteza oceánica desciende dentro del manto en relación con la que se crea en las dorsales.

Partes de la Tierra
Partes de la Tierra

Isostasia

La corteza continental tiene mayor espesor bajo cinturones de montañas jóvenes, donde raíces profundas de la corteza llegan a alrededor de 70 km (45 mi) en el manto subyacente. Se puede pensar en bloques de corteza que flotan en el manto, concepto conocido como isostasia. Como un iceberg en el mar, la corteza flota debido a que la densidad de la corteza continental es mucho más baja que la del manto. Pero a mayor masa de roca sobre el nivel del mar, se requiere mayor capacidad de flotación para apoyarla, con raíces más profundas. En comparación, la corteza oceánica, más densa y delgada, es menos flotante, con un punto de equilibrio por debajo del nivel del mar, por lo que raramente se ve como tierra firme.

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