Avalancha

Las avalanchas

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Con independencia de dónde pueda caer la nieve, el hombre encuentra casi siempre alguna forma de usarla para sus propios fines. Por un lado tiene medios para adaptar su estilo de vida a un desierto paralizado por la nieve y, por otro, ha establecido las bases de una enorme industria que proporciona centros de esquí a las enormes y ampliamente urbanizadas poblaciones de Europa y América del Norte.
De todas las posibles actividades deportivas, esquiar es, con mucho, la más importante.

El esquí

De origen noruego, donde se utilizaba únicamente como un práctico medio de transporte individual, se ha extendido durante el siglo pasado a casi todo el mundo. Además de los principales centros de esquí en las cadenas montañosas de los Alpes y las Rocosas hay prósperos centros en Escocia, Australia, Nueva Zelanda —y casi en cualquier lugar donde nieve—. Incluso Hawai tiene una pequeña industria de esquí en la montaña Mauna Kea, que se cubre de nieve muchos inviernos.
Para muchas áreas la del esquí es la principal industria: cuando no nevó en Colorado durante 1977, las líneas aéreas, hoteles y otros servicios sufrieron cuantiosas pérdidas financieras.

Esquí en una montaña
Esquí en una montaña

Causas de una avalancha

Pero la nieve en las áreas montañosas tiene su propio peligro inherente: las avalanchas. Las principales ocurren en los Ancles, Himalaya y las montañas de Alaska, pero el mayor peligro para la vida humana y las propiedades se encuentra, sin duda, en los Alpes, donde toda la región está densamente poblada, sin excluir, por supuesto, los vulnerables valles. Las avalanchas tienen lugar en las laderas con inclinación generalmente mayor de 22 grados y pueden iniciarse por un aumento de temperatura, una fuerte ráfaga de viento o incluso un ruido intenso. Hasta el osado esquiador solitario que se desliza por una pendiente donde la nieve está a punto de desprenderse puede iniciar un movimiento de masas completo.

Magnitud y peligros de una avalancha

Una avalancha puede enterrar un pueblo entero en unos segundos —su fuerza arranca árboles y destruye edificios como si estuviesen hechos de barro—. Hay pocas medidas preventivas susceptibles de adopción, aunque los sistemas de avisos han alcanzado un alto grado de éxito, salvando muchas vidas. En algunas áreas se utilizan las explosiones controladas para dar comienzo a pequeñas avalanchas donde las zonas nevadas están empezando a desestabilizarte, previniendo, por tanto, un alud posiblemente catastrófico más tarde. La repoblación forestal y la edificación de estructuras desviantes no son medidas eficaces: una gran avalancha las derribará y, peor todavía, arrastrará los restos pendiente abajo convirtiéndolos en arietes.
En las regiones montañosas las cornisas son un peligro adicional; una masa de nieve compacta que sobresale horizontalmente como una ola, formada donde el viento sopla y se arremolina sobre la cima. Estas estructuras resultan muy peligrosas para los alpinistas porque pueden desprenderse en cualquier momento. Son, por lo tanto, otra causa potencial de avalanchas. Las cornisas no sólo se encuentran en las montañas: el 1836 se desarrolló una sólida cornisa en el borde de un desfiladero en Sussex, Inglaterra, que acabó por desplomarse estrellándose cerca de una hilera de casas. La masa de nieve estalló debido a la compresión de las bolsas de aire de su interior; las casas se elevaron del suelo y se derrumbaron, matando a ocho personas en total.

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