Vientos en el planeta Tierra

Los vientos

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Que un viento resulte agradable o desagradable no sólo depende de su fuerza, sino también de su temperatura y humedad. En los climas calientes y húmedos de las regiones ecuatoriales, se agradece cualquier tipo de viento casi; entre los más agradables a nivel mundial se encuentran los vientos alisios que soplan sobre los océanos y zonas costeras de los trópicos. Estos vientos son característicamente estables: soplan día tras día a velocidades raramente superiores a los 15 metros por segundo, aliviando el calor opresivo y la humedad de estas regiones.

Vientos en el hemisferio norte

Los vientos alisios son los principales responsables de las deliciosas condiciones reinantes en lugares tales como Hawai, la costa de Queensland o el Caribe.
Considerados dentro del esquema general de los vientos mundiales, los vientos occidentales de la zona templada del hemisferio norte parecen, a simple vista, similares a los vientos alisios. Sin embargo, los vientos occidentales son mucho menos regulares que sus vecinos tropicales. Aunque el viento medio o «predominante» es el del oeste de fuerza moderada, suele haber un cambio en su fuerza y dirección según atraviesa los sistemas de bajas presiones. Algunas veces predominará el tiempo tranquilo e incluso los vientos orientales después que regresen con fuerza renovada los vientos occidentales. Puesto que las temperaturas de las regiones templadas son inferiores a las tropicales, es más probable que los vientos occidentales sean desagradables que agradables.

Vientos en el hemisferio sur

En el hemisferio sur los vientos del oeste son muy diferentes; lejos de ser variables, soplan casi constantemente, y con fuerza, dando lugar a los nombres de «Roaring Forties» («tormentosos cuarenta»), «Furious fifties» («furiosos cincuenta») y «Shrieking sixties» («chillones sesenta»), según la latitud donde soplan. En la zona templada los vientos pueden proceder de cualquier dirección en cualquier época del año. Sin embargo, algunas regiones del mundo tienen los monzones, vientos que soplan persistentemente desde una dirección durante gran parte del invierno y desde otra durante el verano. Los monzones afectan sobre todo a las regiones tropicales y sin lugar a dudas los más acusados son los de la India.
En invierno, cuando el continente asiático está más frío que el océano Indico, los fríos vientos del noreste soplan a través de la India y países vecinos produciendo sequía y tiempo generalmente agradable, a pesar de que el viento tiene un marcado efecto de resecamiento sobre la tierra. En abril y mayo el monzón del nordeste se va extinguiendo de forma gradual: los vientos se hacen muy ligeros aliviando un poco el sol abrasador y las temperaturas del aire que suben por encima de los 35°C. Tiene lugar entonces un cambio notable en unos días tan sólo. Llegan los vientos del sudoeste desde el océano Indico, trayendo un agradable descenso en las temperaturas y copiosos chaparrones. Este monzón del sudoeste, que dura desde junio a septiembre es, con mucho, el más importante de los dos monzones, puesto que trae consigo casi toda la lluvia del año para gran parte de la India. Por esto el término «monzón» se suele utilizar para sugerir lluvias torrenciales, cuando su significado real es viento estacional.

Vientos en el planeta Tierra
Vientos en el planeta Tierra

Diferencia del viento entre océanos y continentes

Generalmente el flujo de aire sobre el océano es uniforme y estable, pero sobre un continente la fricción y la turbulencia originada por las irregularidades del terreno —la vegetación, las colinas o las diversas estructuras de factura humana— obstruyen el flujo de aire. El efecto de resistencia hace a los vientos superficiales, por lo general más ligeros sobre tierra que en el mar. A 500 metros el viento es invariablemente más estable y más fuerte, siendo evidente este efecto incluso en lo alto de los grandes edificios; en ocasiones, el aire de movimiento rápido de los niveles altos es empujado hacia el flujo a nivel del suelo. En las ciudades modernas es notable el efecto de canalización inducido por los edificios, sobre todo por aquellos construidos siguiendo un modelo poligonal; las contracorrientes producidas al abrigo de los altos edificios han creado, a veces, vientos racheados con fuerza casi huracanada, para incomodidad de los ciudadanos y perplejidad de los arquitectos responsables.

Vientos de alto nivel

Sinuosas bandas de fuertes vientos circundan el globo terrestre a una altura de 10 kilómetros por encima de la superficie; las corrientes en chorro. Son muy estrechas (unos pocos cientos de kilómetros), pero pueden llegar a rodear más de la mitad de la Tierra, y la velocidad de sus vientos va de los 30 metros por segundo hasta los 100 metros por segundo.
No se sospechó la existencia de estos vientos de alto nivel hasta la segunda guerra mundial, cuando los pilotos de los aviones de vuelo alto vieron que había grandes diferencias en tiempo entre los realizados con rumbo oriental y los que vuelan hacia el oeste.
En cada hemisferio hay una corriente en chorro principal a una latitud aproximada de 50 grados; soplan desde el oeste al este, pero se retuercen para formar una serie de rizos cuyo tamaño y posición están variando constantemente. Estos vientos de alto nivel controlan el desarrollo y movimiento de las depresiones y las altas presiones en la atmósfera inferior. Sobre las regiones subtropicales hay otras corrientes en chorro que vienen desde el oeste, pero estas tienen poco efecto directo sobre el tiempo de superficie. La única corriente en chorro procedente del este sopla sobre el océano Indico y Africa en los niveles altos durante el verano del norte, llevándose los enormes volúmenes de aire que han ascendido en el monzón y descargando sus lluvias torrenciales sobre la India. Aunque la velocidad de estos tubos de aire de movimiento rápido es varias veces superior a la de los vientos de fuerza huracanada, no se pueden comparar directamente con los vientos de la superficie porque el aire en la tropopausa, donde se hallan las corrientes en chorro, es bastante menos denso y, como consecuencia, la energía que transporta el viento es menor.